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El triste final de una palmera Phoenix Canariensis

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Costa del Sol Noviembre 2008. Un día muy triste para todo nuestro equipo de mantenimiento y para los propietarios de este ejemplar centenario Phoenix Canariensis que ha sido el centro de atención de su jardín durante tantos años.

A pesar de haber realizado los tratamientos fitosanitarios recomendados por la Junta de Andalucía además de haber utilizado métodos de lucha biológicos para combatir al picudo rojo, esta palmera amaneció un día con sus hojas centrales caídas. Al subir nos encontramos con una masa putrefacta y mal oliente llena de pupas, larvas y escarabajos vivos, a penas 5 días después del último tratamiento exhaustivo. Para no poner en peligro las otras tres palmeras Phoenix Dactiliferas, no quedaba otra solución que la retirada inmediata de la palmera. Después de una llamada a la persona encargada del ayuntamiento para la retirada de palmeras afectadas entendimos que tendríamos que esperar demasiado tiempo así que los propietarios nos pidieron encargarnos de la retirada de su palmera.

En las últimas semanas entre los profesionales de jardinería están saltando todas las alarmas: ven caer a las palmeras a centenares. A esto se suma la impotencia ante las escasas actuaciones por parte de las autoridades administrativas para paliar esta grave epidemia. Los propietarios de las palmeras deben llamar a su ayuntamiento para notificarle su palmera afectada. Sin embargo, las listas de espera para que el ayuntamiento retire dicha palmera son muy largos, estamos hablando de muchos meses. A esto se suma, que las autoridades no toman ningunas medidas contra aquellos propietarios que no tratan ni retiran a sus palmeras, resultando así un sin fin de palmeras muertas, reales nidos de enormes populaciones del picudo rojo.

En el caso de nuestra palmera, hubo varias palmeras muertas en los jardines vecinos. En un caso así, es casi normal que la palmera haya perdido su batalla contra el picudo rojo, aún habiendo sido tratada adecuadamente.

Sin más, cabe informarles, que el picudo rojo, ante tanta ignorancia y dejadez de los humanos ha invitado a su primo asiático, el aún más peligroso picudo negro, a compartir con él lo que queda de palmeras en el Mediterráneo.